Rodolfo Bernal



jueves, 12 de noviembre de 2009

La plataforma Google Wave revolucionará el trabajo colaborativo

Por Enrique Dans 


Llegó con unas expectativas altísimas: una preview espectacular en el I/O Conference ante cuatro mil desarrolladores pertrechados con todo tipo de herramientas de comunicación, y una beta por invitación destinada, según algunos, únicamente a generar buzz, según otros, a controlar el funcionamiento del invento en condiciones de crecimiento controlado.  
Ahora, tras unas semanas de funcionamiento, ya me veo en condiciones de opinar con criterio sobre Wave, y mi opinión sigue siendo enormemente positiva. Pero vamos por partes:  
Google Wave no es una herramienta fácil de entender. De hecho, probarla no resulta nada sencillo. Y no me refiero a que sea difícil de usar, que no lo es en absoluto, sino a que, de entrada, es invariablemente una herramienta en busca de un propósito. Es como si te dieran un martillo por primera vez en tu vida, y no tuvieras nada que hacer con él, ningún clavo que clavar ni ningún objeto que destrozar a martillazos. Te pondrías a jugar con él, al cabo de un rato lo encontrarías un juguete bastante plano y aburrido, y lo arrinconarías.
Así funciona: te llega la invitación, buscas a ver quién tienes como contacto, y creas una Wave con alguno de ellos. ¿Para qué? Para probar, sin más objeto que ese. Si además tienes la suerte de encontrarte a alguien conectado en ese momento, puedes probar a escribir, a juguetear con la herramienta de mapas y la de votaciones, y cuatro chorradillas más. Eso mismo: chorradas. Sin un propósito detrás, Wave es una chorrada divertida: como una mensajería instantánea con esteroides.
Entiendo perfectamente que a mi hija le encante: de repente, ve lo que la otra persona está escribiendo en tiempo real, con lo que se incrementa la sensación de proximidad y de “hay vida inteligente al otro lado”, y puede además insertar en la comunicación lo que le dé la gana, sea un vídeo, una imagen o lo que sea. Lo dicho: una mensajería luxury king-size. La herramienta encuentra su objetivo, el de comunicarse, funciona mejor que lo que había, y no hay más complicación. Cuando vuelven al Gtalk o al Messenger, se encuentran como en una regresión a un pasado triste y gris.
El problema es limitar la experiencia de Wave a eso (si no eres un quinceañero cuyo único objetivo para esa herramienta es la comunicación, me refiero). Si entras en Wave, haces cuatro chorradas, y pretendes opinar sobre ello, te perderás la verdadera miga del asunto. La que solo percibes cuando de verdad tienes que hacer algo que justifique el uso de Wave.
En mi caso, y dado que mi única obsesión que me consume estos días es mi libro, la oportunidad llegó corrigiendo un capítulo con otra persona a la que había pedido opinión: fue crear el Wave, pegar el texto, y automáticamente empezar a colaborar en tiempo completamente real. Cada uno veía lo que el otro iba editando en un sitio, mientras en otro íbamos intercambiando opiniones sobre las intenciones de cada parte del texto, lo conveniente de sacar un tema u otro, o el nivel de extensión que queríamos en alguno de los temas.
Eficiencia absoluta, experiencia galáctica: no existía ninguna herramienta a nuestra disposición anteriormente que nos hubiese permitido trabajar así, y cuando finalmente cerramos aquello tras una sesión muy productiva, sabíamos que habíamos entendido la utilidad de Wave. Y que a partir de ese momento, para muchas tareas que precisan trabajo coordinado y colaborativo, no queríamos otra cosa.
Para entender Wave puedes ver, por ejemplo, las cosas que empiezan a plantearse en las empresas integrando datos del ERP, en herramientas como Gravity. O leer a Dion Hinchcliffe, analista fino donde los haya, hablando de las implicaciones de Wave para la empresa. ESO es Wave, y no la reunión chorras que te has montado con cuatro amiguetes ahí dentro para poner textos en colorines y divertirse cambiando cada uno los textos del otro.
Una plataforma completamente abierta, con un juego completo de protocolos de funcionamiento que convierten la interacción en tiempo real y la integración de datos en algo normal, en un “la norma es que funcione así y no quiero que funcione de otra manera”. Después de haber probado Wave con una cierta seriedad, entiendes que: uno, más te vale entenderlo y encontrarte cómodo manejándolo, porque pronto va a ser una pieza importante para el trabajo de mucha gente. Dos, que en breve podrás diferenciar perfectamente las empresas que trabajan así, frente a las empresas que siguen escribiendo documentos y enviándoselos unos a otros como ficheros adjuntos en un correo electrónico, o metidos en un prehistórico sobre de correo interno.
Wave es una plataforma, y hace lo que hacen las plataformas: integra y complementa, no sustituye. Aquí puedes mantener una reunión productiva, compartir todo tipo de datos, hacer unos presupuestos, discutirlos, y todo ello con sensación de “todo está a un clic de distancia”, de “voy tomando herramientas de una caja inmensa en la que hay de todo”.
En cuanto las empresas empiecen a probarlo con cierto fundamento, y considerando que las barreras a la adopción son nulas, se convertirá en una herramienta con capacidad de redefinir muchos de los aspectos de nuestra comunicación y nuestro trabajo cotidianos. Tiene la capacidad de redefinir la forma en la que trabajamos. Pero eso, desde la óptica de quien lo analiza como si fuese “una mensajería con esteroides”, es difícil de entender, y lo será durante un cierto tiempo.

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