Rodolfo Bernal



miércoles, 30 de abril de 2014

10 razones para ser científico...de principios del Siglo XX

A cada generación le toca vivir un diferente contexto social y económico. Por eso puede ser un error comparar las oportunidades que tuvieron personas de distintas épocas, ya que las condiciones que en una época representaron buenas oportunidades de desarrollo personal y económico, no necesariamente siguen siendo buenas condiciones en un tiempo posterior. La sociedad cambia, la forma de hacer comercio cambia. En la antigua Roma, la sal tenía un valor que no tiene en el presente. El oro para la sociedad actual está valorado de una forma que en sociedades americanas prehispánicas no se concebía. Aún comparando dos épocas a las que no las separen siglos, éstas pueden estar caracterizadas por niveles de desarrollo tecnológico muy distintos, por lo que puede haber diferencias muy marcadas en el modelo económico de cada una. En la sociedad actual, los cambios se están dando de manera acelerada, mucho más rápido que en los siglos anteriores. No cabe duda que la brecha generacional entre las personas de diferentes edades hace una gran diferencia en la forma de apreciar el contexto en que se vive. La fotografía que se muestra arriba fue tomada durante la presentación de una conferencia de Ruy Pérez Tamayo, titulada precisamente "10 razones para ser científico". Pérez Tamayo es autor de un libro con ese mismo nombre. Como puede leerse, las 10 razones para ser científico, de acuerdo a Ruy Pérez Tamayo, nacido el 8 de noviembre de 1924, son:
  • Para no tener jefe.
  • Para no tener horario de trabajo.
  • Para no aburrirme en el trabajo.
  • Para hacer siempre lo que me gusta.
  • Para usar mejor mi cerebro.
  • Para que no me tomen el pelo.
  • Para hablar con otros científicos.
  • Para aumentar el número de científicos en México.
  • Para estar siempre bien contento.
  • Para no envejecer.
La muestra de las diferencias de los entornos que le toca vivir a cada generación quedan manifiestos si se considera cómo es la vida de un científico en las instituciones actuales, particularmente en un país como México. Tal como señaló Peter Higgs, el autor de la teoría del Bosón de Higgs y ganador del Premio Nobel de Física 2013, "hoy en día no se puede encontrar la paz y la tranquilidad que el científico necesita para su trabajo de investigación". Esta declaración hecha por Higgs a The Guardian, encierra de fondo que las razones con las que Pérez Tamayo trata de motivar a los jóvenes para que se decidan por una carrera de científicos, ya no tienen validez en el incipiente siglo XXI que estamos viviendo. Analizando una por una las razones de Pérez Tamayo, encontraremos sin duda que al enlistarlas tuvo presentes las condiciones laborales de un jóven científico mexicano prevalecientes cuando él fue un jóven científico, pero no se percató que esas condiciones son en mucho diferentes a las que enfrentan hoy día los jóvenes que buscan iniciar una carrera como científicos.
En mi opinión, los jóvenes que andan buscando una profesión en la cual involucrarse, tienen mejores posibilidades de hacer una elección correcta si consideran una actividad en la que puedan encontrar testimonios de éxito con una diferencia de edad que no haga una mucha diferencia con ellos, o si la hace, que su trayectoria muestre una continua actualización de sus actividades, acorde a las tendencias que van marcando los cambios. No es recomendable para un jóven, tomar como modelo de éxito a seguir, a una persona que durante 20, 30, 40 años o más permaneció en la misma actividad, con la misma metodología de trabajo, y generando ingresos de una misma fuentes.
La experiencia que los jóvenes iniciando su carrera como científicos están viviendo en las Universidades públicas, que es donde se lleva a cabo principalmente la investigación científica en México, es que están sujetos a una burocracia cada vez mayor y más pesada, que lejos de dar libertad, ata abrumadoramente a los académicos a actividades no sustanciales, las cuales deben de hacer, ya que de no hacerlo, sus ingresos se reducirían drásticamente. Es decir, terminan obedeciendo el mandato de los administrativos que les indican qué tipo de actividades hacer, cuánto de cada una de esas actividades hacer, y cómo hacerlas para poder acreditarlas ante las instancias administrativas. En conclusión, estamos engañando a los jóvenes si les decimos que una de las razones para ser científico es para no tener jefe. La experiencia muestra que en la actualidad se tienen jefes, y esos jefes no son precisamente un ejemplo de vocación por la ciencia. 

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